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Un “futuro maravilloso”, los Juegos Olímpicos y Barcelona2022

Muchas personas tienen problemas con su presente. No les gusta, no saben cómo organizarlo o cómo enfrentarse a él. Es por eso que prefieren vivir en el pasado o sea, de sus recuerdos. Les pasa a muchos ancianos: su presente de soledad, decadencia, pobreza, enfermedad o abandono hace que lo rehuyan y prefieran recordar su pasado porque, como dice el verso, “…cualquier tiempo pasado fue mejor“.

Por el contrario, otros viven instalados en un hipotético futuro: qué harán, de qué trabajarán, disfrutan de antemano de sus posibles triunfos y éxitos…viven en una nebulosa de ilusiones que les hace huir de la realidad o sea, de su presente. Les suele pasar a los jóvenes que, llenos de proyectos y ambiciones olvidan que para llegar a ese futuro maravilloso primero deben prepararse mediante la formación, el trabajo, en una palabra el sacrificio de forjarlo paso a paso. Así, el futuro requiere grandes dosis de realidad, pies en la tierra y mucho trabajo en el presente para ser fraguado.

Ayer, nuestro Alcalde, Jordi Hereu, nos sorprendió con este comportamiento típicamente juvenil, casi adolescente diría yo, de pensar en el futuro lejano huyendo del oscuro presente que nos rodea. Así, convocó a la prensa para anunciar que Barcelona aspira a organizar los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de 2022. Este “autopromo“, provocó una reacción inmediata de apoyo, incluso entre la oposición, faltaría más. ¿Quién se puede oponer a la idea, ya que no es más que eso, una idea, de que Barcelona organice otras Olimpíadas? (la ilusión del futuro); ¿quién no recuerda con cariño y orgullo los juegos de 1992? (el pasado glorioso). Pero ¿y el presente, Sr. Alcalde, quién lo arregla, quién se encara con él y lo resuelve, o al menos, lo intenta?

No digo que olvidemos completamente el pasado, es una gran escuela, ni que no pensemos y dibujemos nuestro futuro para saber a qué metas aspiramos y cuál es la mejor manera de alcanzarlas. Lo que digo es que, mirando el futuro con los ojos entornados de tan lejano perdemos de vista el presente. No vayamos, en una palabra, a caer en un vacío temporal que vaya Dios a saber a dónde nos puede llevar.

El presente, en este caso el de la ciudad, con la crisis, la incertidumbre, los nubarrones que nos sobrevuelan requiere de un esfuerzo colectivo comandado por un dirigente que sepa gobernar el barco para atravesar con los menores daños posibles esta tormenta “quasi” perfecta que estamos viviendo. De esta manera llegaríamos a ese futuro maravillos con tranquilidad y garantías de éxito. Pero para ello necesitamos un Alcalde en edad adulta y no uno que suspire por sus sueños de juventud.

Sr. Alcalde de Barcelona, le ruego que no distraiga a los medios de comunicación con anuncios vacíos ya que son otras las prioridades que en este duro momento debe resolver la ciudad. No creo que estemos en un contexto de proyectos faraónicos; ya tuvimos el “Foro de las Culturas” (por cierto, ¿hemos acabado de pagar aquel desaguisado?) no nos proponga ahora nuevas y absurdas facturas. Por favor, liquidemos lo que debemos porque no hay más que ver la cantidad de obras pendientes en Barcelona para intuir que el dinero no sobra. Por cierto, en ellas no se ve trabajar a nadie, ¿no hay para pagarles o la idea es que las acaben en el 2022? Con esta política, ¡qué incierto futuro nos espera, Sr. Hereu!

En fin, proyectos ilusionantes sí señor Alcalde, pero no a costa de huir de la realidad.

Elvira País

CENA DE FIN DE AÑO

He pasado el Fin de Año en el hotel Mandarin Oriental de Barcelona y me sorprendió. Es un hotel muy, muy bonito. Su decoración es sobria pero acogedora y con estilo. El restaurante Blanc (que no es el de la Ruscalleda) tiene unas formas colgando del techo que evocan una selva blanca con sillones de bambú grises y blancos, todo muy claro y muy espectacular. Otro capítulo destacable es su personal. Son jóvenes multiligües y con una amabilidad destacable, muy difícil de encontrar en muchos servicios, no sólo de esta ciudad sino de muchas otras del mundo. Tienen claro que lo suyo es servir al cliente. ¡Bravo por ellos!!!

Un capítulo aparte me merece la cena y la fiesta que prepararon para celebrar el final de año. Creo que se equivocaron. En una ocasión como esa el protagonista debería ser el cliente y lo que normalmente queremos cuando tocan las doce campanadas es brindar, besarnos y abrazarnos todos, y luego bailar. En este caso, además de la tardanza de la cena (acabaron de servir el menú degustación que ofrecían a la 1.30 de la madrugada después de las uvas) programaron un espectáculo que no por bueno, sí que cortó las ganas que tenía la gente de bailar y divertirse. Estar sentados mirando un espectáculo no es la idea que normalmente se tiene de una noche de Fin de Año.

Al final nuestros ánimos fueron decayendo y a las 2 de la madrugada nos retiramos a dormir presas del aburrimiento ya que la alternativa era una barra libre pero, ¿quién tiene ganas de beber y beber sin parar. Yo quería bailar, moverme, felicitar al resto de comensales y desearles un feliz año. En fin, no pudo ser, espero que el próximo año se dejen asesorar por alguien que sepa sobre estos eventos.

Y el tercer capítulo fue la cena. La oferta era un menú degustación de no sé cuántos platos. Nos citaron a las 21.00hs pero a las 22.15hs aún no habían servido el primer plato. En la espera nos llenaron de pan, mantequilla y vino pero nada de comida. Total, cuando tocaron las doce campanadas que anunciaban las 00.00hs. del primero de año, momento crucial para atragantarnos con las doce uvas en la costumbre española de celebrar el Fin de Año, nos faltaban por comer los platos principales. Bueno por decir algo, fue una celebración extraña.
Tampoco era cuetión de comenzar el año enfadados.

Si buscamos una disculpa para el hotel es que ha abierto sus puertas un mes antes del Fin de Año por lo que les faltaba rodaje. Espero que el próximo año todo vaya más en relación con nuestras costumbes.

Al día siguiente, asistimos al “brunch” que ofrecían para los que habíamos pernoctado en el hotel. Allí sí que comimos mucho, aunque creo que aún les falta afinar su oferta culinaria.

En conclusión, hotel precioso, personal amabilísimo, falta de rodaje en su oferta de restauración del restaurante “Blanc” (ya que los platos orientales estaban muy conseguidos pero los españoles no) y en la organización de la Fiesta de Fin de Año.

Ahora me queda por probar el restaurante “Moments” el que dirgen los Ruscalleda. Pero esa prueba requerirá una crónica nueva.

Elvira País

Written by dowomu

13/01/2010 at 19:53

MODA EN BARCELONA, ¡Requiestcat in Pacem!!!

El otro día me encontré con mi viejo amigo Joaquim Verdú (lo de viejo lo digo porque nos conocemos desde hace muchos años), y después del pertinente “¿qué tal va todo, Joaquim?” se lanzó a un verborrea como nunca le había oído: “Estoy muy ilusionado, me dijo, con mi proyecto de Taller de formación para diseñadores jóvenes y, además, me han escogido como diseñador invitado en la Pasarela Cibeles de este año“. “¡Vaya!” contesté sin aliento, “te lo mereces”.

Sí señoras. Se lo merece él y todos los creadores de moda que históricamente han existido en Catalunya y que ahora, si quieren destacar, ser reconocidos, ser respetados o considerados y ayudados se tienen que ir a Madrid porque aquí, la cuna de la moda en España, todo se ha acabado gracias a las “ideas” de nuestras administraciones.

Barcelona fue, en la década de los setenta, el centro de la moda de España (también lo fue del cine). Había industria y había creación y había salones donde se exibía toda esa moda. También habían escuelas de diseñadores, de modelos, de fotógrafos; estaban las mejores agencias y las mejores revistas de moda. Era Barcelona la que mostraba y marcaba las tendencias de la moda en el resto del país; así, cualquiera que pretendiera ser alguien en el mundo de la moda debía venir a esta ciudad.

Ahora, todo eso se ha acabado. Madrid ha cogido la delantera gracias a la inquietud y las ayudas que sus administraciones prestan al mundo de la moda para que se enseñe en Madrid. Ha pasado lo mismo con la industria del cine. Por eso, cualquiera que en este momento pretenda trabajar en estos dos mundos, tiene que irse a aquella ciudad.

Pero hay más, Joaquim me confesó: “es que no sabes cómo me tratan; tienen un respeto por mí enorme y han puesto todo a mi disposición, sólo tengo que abrir la boca para decir qué quiero. ¡Así da gusto trabajar!, ¡así sí, te vuelve la ilusión!

¡La ilusión!!, lo que yo decía…

Esto es lo que hay, señoras. Aquí, financiando jóvenes diseñadores extranjeros, que bienvenidos sean, mientras los pilares de nuestra moda, los que pusieron la moda exhibida en Barcelona en boca de toda Europa, se tienen que ir a Madrid donde les abren las puertas de par en par mientras aquí se las cerramos. ¡Y todos tan contentos, ¡apa!!!.

¿La moda? ¡que se la queden otros!, se desgañitan nuestras administraciones. Y yo pienso con pena ¡una industria menos! y continúo diciendo el Requiescat in pacem por la moda en Barcelona.

¡Oh, Dolor!, ¡cuánto me hieres!!!!

Elvira País

Written by dowomu

05/01/2010 at 19:31

CAOS CIRCULATORIO

Llegan las Navidades y, como siempre, Barcelona está colapsada. Pero este año la cosa es más grave. A los clásicos atascos navideños de cada año, a éste se añaden las obras callejeras como manifestación de la aplicación de la idea “Economía Sostenible” de nuestros gobernantes.

Escavadoras por doquier, calles cortadas otras cambiadas de sentido de circulación, legiones de obreros vestidos de amarillo fosforescente sorteando los coches que pacientemente se desplazan de casa al trabajo, del trabajo a casa, a llevar los niños al colegio, a comprar, a cuidar enfermos y a hacer los miles de cosas que los ciudadanos tenemos que hacer cada día por la ciudad.

Los anticoches me diréis que ¡¡¡por qué no dejo el coche en casa!!! Pero creéis lógico dejar el coche en casa cuando el gobierno está incitando la compra de vehículos con infinidad de planes, rebajas y otros estímulos económicos para que este sector de actividad pueda mantener el empleo de sus trabajadores?

Es una contradicción. Por un lado el gobierno reduce la zona de circulación de los coches y pone miles de trabas para el aparcamiento dentro de la ciudad por otra, incentiva la compra de vehículos para que la fábricas de automóviles continúen funcionando y no generen paro. Algo no funciona en estas decisiones.

Yo no sé vosotros pero yo no compro un coche y pago todos los impuestos que conlleva para mantenerlo guardado en el garage de mi casa. Además, como no tengo segunda residencia y no me gusta hacer excursiones me estoy planteando no comprar nunca más un coche. Luego veré.

Elvira País

Written by dowomu

16/12/2009 at 18:47